Yo Decidí. Tu también puedes

“Si el éxito que logras ha sido a expensas de tu salud, tu familia o un cambio negativo en tu personalidad o carácter, no es realmente un éxito”

Yo DECIDÍ que “no importa cuán lejos llegue en mi vida profesional, le pido a Dios que no me permita cambiar y olvidarme de quien soy ni de dónde vengo”.

Esto siempre se lo he pedido a Dios. Mi decisión también se lo debo a la crianza que recibí de mis padres basada en el respeto a TODOS, sin distinción.

En mi vida profesional crecí hasta un alto nivel dentro de la empresa donde laboré por 15 años y siempre recibí estos comentarios de los empleados:

  • “Jessica, no pareces “Gerente” eres más gente que los otros en tu misma posición”.
  • “Jessica, me gustaría cambiar de departamento para poder entrar al tuyo. No porque no me guste lo que hago ahora; es solo que no me gusta el tipo de persona que es mi jefe. Tu si escuchas”.

Y de algunos de mis colegas recibía estos tipos de comentarios como, por ejemplo:

  • “Jessica, seguro que querías ser Gerente? Es que no te comportas como nosotros. Hay cierta distancia que debes mantener de los demás; de los que no lo son. No mantienes la pared entre tú y ellos, y eso, no es ser un buen Gerente”.
  • “Jessica, que haces para que TODOS los empleados lleguen a tu oficina y ni siquiera son de tu equipo? Los de mi equipo muy rara la vez vienen a mi”.

Lo que pasa es que como yo DECIDÍ no permitirme cambiar y seguir siendo quien soy sin importar el éxito, esto me llevó a ser querida por unos, envidiada por algunos y odiada por otros. Todo eso se volvía un mar de emociones que me afectaba en cierta forma.

Llegó el momento en que inicie una familia. Mi esposo y mi hija necesitaban poder contar conmigo. Al principio continúe viajando mucho lo que me apartaba de ellos. Mi esposo siempre me apoyo, pero yo extrañaba mucho los primeros meses de vida de mi pequeña; y a él también.

Lo que no te he dicho es que antes de mi esposo e hija, mi matrimonio era con mi trabajo.

Entraba “a la hora” y salía a cualquier hora después de la hora (sabes de que hablo, ¿cierto?).

Así fueron varios años: No me detenía a almorzar cuando debía. No tomaba agua durante el día. Mis horas de descanso eran muy pocas. Mi vida social no existía ya que terminaba cancelando por no salir a tiempo del trabajo. Así, hubo chicos que no llegaron a conocerme bien.

Aunque al principio esto parecía no importarme llegó el momento en mi vida en que ya mi “matrimonio” con mi trabajo no me daba lo que yo necesitaba. Al conocer a mi actual esposo, yo DECIDÍ cambiar las prioridades en mi vida.

Ahora bien, ya te he dicho lo que me faltaba para que pudieras comprender a que quiero llegar.

¿Notaste la palabra que repito y que está en cierre de mayúscula? ¿No?

Dale te espero. Vuelve hacia arriba y búscala.

Te espero. ¿Ya la viste?

Bueno, de eso se trataba todo. Las cosas que hice todas las DECIDÍ YO. No pasaron solo porque si. No deje que solo sucedieran. Fue MI DECISIÓN.

Y tu también puedes decidir. Tú decides lo que quieres ser y hacer. El resultado de cada acción que has tomado es porque decidiste tomarlas.

El éxito es cuestión de tomar decisiones. Si hasta hoy te sientes exitosa te recomiendo que mires hacia atrás y analices lo que has sacrificado para lograrlo.

  • No te has perdido a ti misma en el camino al éxito?
  • Tu relación familiar no ha sido afectada por ello?
  • Hoy cuentas con buena salud?
  • No te has perdido eventos importantes de tus hijos o familiares?
  • Mantienes una buena relación con los demás a pesar de tus logros?

Si la respuesta es “si”, entonces eres realmente exitosa.

Pero, si lamentas las acciones que tomaste y no te gusta quien eres hoy, no temas. No es un fracaso. Aun estas a tiempo de lograr el éxito. Todo lo que tienes que hacer es DECIDIR hacerlo de manera que tu éxito sea acorde con lo que tu estas buscando y no con lo que otros esperan de ti.

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